SEDUCIDA

Sírvame la segunda para sincerarme y es que aquel, si ese, me trae jodidamente entusiasmada, ojalá, pudiera declararme enamorada de su apariencia de galante caballero, pero joder, su derroche de elegancia es lo que menos me gusta, sin embargo, me declaro seducida por su mente, por la vibrante actividad de sus neuronas, me declaro idiotizada por su conversar, por sus palabras y esa forma suya de describir el mundo, me deja perpleja, como si aquello que dice fuera para mi una verdad irrefutable.

Me excita la seguridad con la que afirma sobre el futuro, me encanta ese aire de tragamundos con el que camina por la vida, me derrite, me libera, me deshace.

Concluyo que no son sus manos lo que me enloquece, es la fuerza con que se aferra a todo aquello que sujeta, me eriza la piel su energía y lo profundo de sus pupilas, ojalá pudiera decir que me muero por sus piernas o lo torneado de sus brazos, pero no, su atractivo no es superfluo y eso me tiene jodidamente enamorada, vuelta loca por sus pensamientos. Me muero porque me descifre la piel, me descubra capa por capa las ideas, las fantasías, me muero porque con habilidad matemática me resuelva, que me devore de la misma forma que quiero devorarlo a él, me muero por ser víctima de su ingenio y de su elocuente boca, ojalá que con aquella lucidez observe la impaciencia que me consume por desabrocharle la camisa y tirar el cinturón al suelo, ojalá comprenda mi impaciencia por tirarme en el sofá o la escalera, ojalá y lo entienda...


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