las historias en su espalda...
Ella no buscaba una media naranja, ni un príncipe azul, nada de corazones rojos ni de cuentos color de rosa, eso no le importaba demasiado, ella lo veía el, a menudo, lo observaba y prefería buscar el sepia de su cuerpo a contra luz, descubrir en su piel desnuda sus memorias, el nombre que llevaba cada una de las historias en su espalda, ella, quería encontrarlo a el, y descubrir qué había detrás de cada una de sus cicatrices, por qué la melancolía en sus ojos, y saber a quién le debía cada una de las marcas en su cuerpo y en su alma.
Ella quería encontrar en la neutralidad del marrón de sus pupilas una respuesta, una a cada pregunta que le surgía del misterio que albergaba en esa boca, esa boca que escondía además de secretos, una sonrisa que derretiría a cualquiera, ella, alucinaba poder firmarla con el rojo de su labial preferido, quería besarle a él, y encontrar en los sabores de sus labios aquellas viejas anécdotas que le habían dejado sabor a miedo, quería probar en sus besos, sus angustias, su esperanza...
Pero, ella, no sabia como cruzar la frontera, sesenta centímetros de seguridad los separaban, desde allí todo se ve bastante bien sin correr riesgos, ella, necesita, romper la cuerda, irrumpir en el espacio de su aroma y saber por qué siempre se sonrojan sus mejillas, averiguar, por ejemplo, la fragancia que se percibe desde la distancia, ella, tenía tantas preguntas cuyas respuestas se encontraban resguardadas tras esa barrera que él, había pintado entre los dos, ella, no sabía si eran los años o eran los daños, los que lo detenían...
Ella quería encontrar en la neutralidad del marrón de sus pupilas una respuesta, una a cada pregunta que le surgía del misterio que albergaba en esa boca, esa boca que escondía además de secretos, una sonrisa que derretiría a cualquiera, ella, alucinaba poder firmarla con el rojo de su labial preferido, quería besarle a él, y encontrar en los sabores de sus labios aquellas viejas anécdotas que le habían dejado sabor a miedo, quería probar en sus besos, sus angustias, su esperanza...
Pero, ella, no sabia como cruzar la frontera, sesenta centímetros de seguridad los separaban, desde allí todo se ve bastante bien sin correr riesgos, ella, necesita, romper la cuerda, irrumpir en el espacio de su aroma y saber por qué siempre se sonrojan sus mejillas, averiguar, por ejemplo, la fragancia que se percibe desde la distancia, ella, tenía tantas preguntas cuyas respuestas se encontraban resguardadas tras esa barrera que él, había pintado entre los dos, ella, no sabía si eran los años o eran los daños, los que lo detenían...
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