Matices.

Y allí esta ella, otra vez en el vaiven de sus colores, se encuentra en el momento de sus grises, esos tonos planos que no apuntan hacia ningún sitio, ella necesita recuperar su ritmo, necesita correr, cantar, encontrar sus escalas y el movimiento en sus caderas, esta extrañando, pero no lo extraña a el, extraña una respiración ajena por la noche, no la suya, cualquiera, extraña colocar dos servicios en la mesa, que la leche se acabe pronto, ella necesita recuperar las ganas solo para perderlas de nuevo un poco cada noche, y es que ya ha sido suficiente de compañía propia, soledad ya no es su amante en turno.

Ella quiere altibajos, helados, abrazos, risas, discusiones, lo necesita todo de vuelta en esa vida que ha perdido los matices, necesita a quien contarle todo aquello que esta sucediendo, el señor éxito no sabe bien sin compañía, las celebraciones con vino y el espejo se vuelven cada vez más aburridas, sí ella se ama, pero tanto amor se le desborda, necesita encontrar con quien gastarlo, con quien sudarlo, y allá a lo lejos, esa sonrisa, imposible, apacible, ajena, allá a lo lejos esa boca, que provoca que despierta el apetito, allá a lo lejos esa sombra de un tal vez, y esos ojos, y el café de sus pupilas, la ansiedad y las ganas y la distancia, todo aquello provocando ruido, ese tono en la voz de aquel hombre, viene a robarle a ella la paz, la soledad, y siembra cosas que le provocan miedo, son matices, ella quiere irrumpir en un espacio nuevo, y en esa boca que despierta el apetito.


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