Se llamaba, digamos que Sofia.

Sofía, digamos, le decía, para no confundirse de entre tantas, para no hacerlo un asunto personal, digamos que era precavido, digamos que no quería entrar en detalles, pero, aún cuando ya no esta con ella, la recuerda por su nombre de pila, porque vamos, la recuerda. Mira sus viejas fotografías mientras dice ¡Joder Sofía, cuanto te quería!, entonces todo se pone digamos melancólico, pues el la extraña entre las mismas sábanas en que años atrás, ambos se derretían, mientras ella lo tiene como un recuerdo un poco más lejano y un poco menos probable, porque Sofía, lleva el nombre de ese tío tatuado en el lado izquierdo, un recuerdo que más bien, aún duele.

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