Alberto se llama, me dijeron.
Alberto se llamaba, me dijeron, porque de él nunca lo supe, algo tan sencillo como un nombre puede ser el indicio más claro de una gran mentira, esta es la primera entrada que escribo después de aproximadamente un año y meses que estuve por completo perdida.
Todo tiene que ver con Alberto, o al menos eso pensé, mi psicoanalista cree que viene de un poco más atrás, pero en fin, era hace una vez...
Una chica saliendo de los veinte, llena de ganas de acabarse el mundo y con muy poco valor para hacerlo, sin embargo, tenía muy trazado el camino pero le faltaba dar el paso, venía, como relatos atrás pueden leer, de varios amores fallidos, que terminaron por ser ensayos del romance ideal que no llegó jamás, entre amar a tantos ella dejó de lado lo más importante, dejar de pretender y amarse así misma, como nadie la iba a amar. En la crisis de los 29 y el encierro laboral, ella, estaba cansada de las marcas y los vinos, pues nada de esto llena el vació de media cama por las noches y es que como le explicas que no lo necesita, ella aún no lo sabe.
Alberto mientras tanto existe en un universo que parece imposible de cruzarse con el de ella, Ana digamos que se llama, así Ana y Alberto caminan en tiempos y espacios muy distintos, o al menos eso piensan, un día por azares tecnológicos, se tropiezan, para Ana se llama destino, para Alberto, "oportunidad", ella no lo sabe pero, el se toma el tiempo, de leerla y de indagar en sus porqués, en sus ideas, en lo que quiere y lo que ya no quiere, todo eso en un único espacio común, facebook. Hablando un poco de facebook, no le crean, es un tipo mentiroso, una falacia con muchos filtros, y no hablo de las fotos, en fin, regresando a Alberto, lleva un rato conociendo a Ana sus indicios, su vida, su aparente estabilidad y esa fuerza con la que siempre se muestra al mundo. Ana no tiene idea...
Alberto se decide a contactar con ella, y comienza a ser el caballero al rescate de la dama en aprietos, palabra a palabra, lo tiene planeado sabe que Ana solo quiere una cosa, "sentirse amada de verdad", pobre Ana, no tiene idea.
Ana comienza a enamorarse de Alberto, y es que Alberto, les contare un poco de él, 26 años, ojos color miel, y cabellos rizados, más dorados que el color de trigo, Alberto tenía unas piernas de locura, vamos que no culpo a Ana de haberse enamorado de cada rincón en ese chico, sonreía todo el tiempo, pero, tanto que a veces daba un poco de miedo, parecía todo demasiado bueno, Alberto solía gritarle al mundo cuanto es que amaba a Ana y la llamaba todo el tiempo, la extrañaba a cada hora y comenzó pronto a necesitarla, la euforia del inicio de un romance se trata de eso, pero, cuánto tiempo es el inicio. Ana esta desacostumbrada a las atenciones, al cariño, vamos solía ser la que pagaba las cuentas, así que tal vez, este chico no este mal, solo que la euforia era nueva para ella...
continuará...
Todo tiene que ver con Alberto, o al menos eso pensé, mi psicoanalista cree que viene de un poco más atrás, pero en fin, era hace una vez...
Una chica saliendo de los veinte, llena de ganas de acabarse el mundo y con muy poco valor para hacerlo, sin embargo, tenía muy trazado el camino pero le faltaba dar el paso, venía, como relatos atrás pueden leer, de varios amores fallidos, que terminaron por ser ensayos del romance ideal que no llegó jamás, entre amar a tantos ella dejó de lado lo más importante, dejar de pretender y amarse así misma, como nadie la iba a amar. En la crisis de los 29 y el encierro laboral, ella, estaba cansada de las marcas y los vinos, pues nada de esto llena el vació de media cama por las noches y es que como le explicas que no lo necesita, ella aún no lo sabe.
Alberto mientras tanto existe en un universo que parece imposible de cruzarse con el de ella, Ana digamos que se llama, así Ana y Alberto caminan en tiempos y espacios muy distintos, o al menos eso piensan, un día por azares tecnológicos, se tropiezan, para Ana se llama destino, para Alberto, "oportunidad", ella no lo sabe pero, el se toma el tiempo, de leerla y de indagar en sus porqués, en sus ideas, en lo que quiere y lo que ya no quiere, todo eso en un único espacio común, facebook. Hablando un poco de facebook, no le crean, es un tipo mentiroso, una falacia con muchos filtros, y no hablo de las fotos, en fin, regresando a Alberto, lleva un rato conociendo a Ana sus indicios, su vida, su aparente estabilidad y esa fuerza con la que siempre se muestra al mundo. Ana no tiene idea...
Alberto se decide a contactar con ella, y comienza a ser el caballero al rescate de la dama en aprietos, palabra a palabra, lo tiene planeado sabe que Ana solo quiere una cosa, "sentirse amada de verdad", pobre Ana, no tiene idea.
Ana comienza a enamorarse de Alberto, y es que Alberto, les contare un poco de él, 26 años, ojos color miel, y cabellos rizados, más dorados que el color de trigo, Alberto tenía unas piernas de locura, vamos que no culpo a Ana de haberse enamorado de cada rincón en ese chico, sonreía todo el tiempo, pero, tanto que a veces daba un poco de miedo, parecía todo demasiado bueno, Alberto solía gritarle al mundo cuanto es que amaba a Ana y la llamaba todo el tiempo, la extrañaba a cada hora y comenzó pronto a necesitarla, la euforia del inicio de un romance se trata de eso, pero, cuánto tiempo es el inicio. Ana esta desacostumbrada a las atenciones, al cariño, vamos solía ser la que pagaba las cuentas, así que tal vez, este chico no este mal, solo que la euforia era nueva para ella...
continuará...
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