Me enamoré como todo un hombre...



De antemano me disculpo si con esta contradicción les ofendo, y es que me ha hecho ruido en la cabeza desde hace tiempo, tal afirmación, “los hombres solo piensan en el físico”, y es que fue la primera vez en mi vida que me sentí en contra de la comunidad femenina, les voy a contar el día que me enamore como todo un hombre…

Eran las 2 am, tal vez un jueves o un viernes, que importa eso ahora, lo importante eran esas afiladas caderas paradas al otro lado del salón, se podían ver unos jeans demasiado ajustados, jodidamente sensuales, apenas se veían entre tanta gente bailando en la pista, pude distinguir un cinturón de cuero que me incitaba a abrir la hebilla, era de cuero negro, para variar, todo un cliché de caballero, mi mirada se desvío un poco hacia abajo, mientras estaba sentada en un sillón de azul terciopelo, pude recorrer con la mirada, sus bolsas traseras, sus muslos, y esas piernas eran tentadoras, zapatos negros, gamuza, sin cadetes, piernas largas, seguramente era toda una aventura desvestirlo, alguien me interrumpió en el mejor momento, pensaba descubrir su rostro, pero, Claudia comenzó a decirme que bailara con ella, por Dios, bailar con una chica, es en serio, en fin, accedí a la compañía de mi amiga a media pista, tuve que lucir como se llevan mis encantos con la música para persuadirlo, el chico de piernas sensuales tenía que notarme antes de que me volviera loca.

Fui insistente al observar, desde lejos, el ritmo de su cintura mientras tarareaba una canción, valla, el chico no tenía pareja, era mi noche de suerte, me dedique a mirarlo, su cintura, santo cielo, su cintura, me decidí a descubrir algo más y en el camino note un par de brazos encantadores, masculinos, cubiertos de vello, eran brazos grandes, y unas manos que lucían deliciosas, cuando llegue a su rostro, me sentí cerca de la demencia, era el premio mayor, piel morena, ojos negros, y unos labios que sugieren el paraíso, tenía una sonrisa de comercial.

No hice más que mirarlo con apetito, de ese desenfrenado y descarado que tenemos las chicas cuando nos sentimos libres, lo notó, y no fue difícil, al chico lo enloquece la belleza femenina, pero, no fue fácil, me llevo horas provocarlo a seguirme, busqué una bebida en tanto, alguien toco a mi hombro, sentí un escalofrío en las piernas, estaba muy cerca, era el, susurrando a mi oído, algo así cómo, “te ayudo con eso”, no sé si hablaba de la bebida, o si había notado que me estaba incendiando.

Lo demás podría ser historia, pero no me gusta ahorrarme los detalles, le acepté la bebida y lo lleve a una habitación en la segunda planta, asegure la puerta, y descubrí sus secretos bajo la camisa, sus pantalones eran el complemento perfecto del piso, ahora que lo pienso no debería usarlos jamás, bóxer licra negra, un trasero criminal, y las piernas eran tal y como deben ser, no hizo preguntas y yo no gasté mi boca en trivialidades, lo bese hasta que no tuvo ganas de hablar más, lo recorrí de norte  a sur con estas manos que fueron testigos de esa noche.


Me agote la reserva de ganas, de lujuria, de ansiedad, repetí el platillo, tantas veces como él pudo, le entregue la mejor y más larga noche de mis noches, una historia para contar, una de esas que aun cuando la pienso me roba una sonrisa de travesura, no le pregunté su nombre, no se su dirección, ni su teléfono, y si lo encuentro es muy probable que nos reconozcamos, fue algo tan bueno como breve, pasajero, pasional, solo piel con piel, pasión desenfrenada, me enamore esa noche de él, y a la mañana siguiente no había historia de amor, ni cita para el cine o el café, me enamoré como un hombre lo hace, solo una noche, me enamore el tiempo que estuvimos en la cama, sin adiós, sin despedida, ni beso de buenos días, a la noche siguiente estaba allí recordando el sillón de azul terciopelo, todo seguía igual, recordaba de vez en cuando esas afiladas caderas paradas al otro lado del salón, unos jeans demasiado ajustados, jodidamente sensuales y el ritmo de su abdomen sobre mí, pero nada cambiaría, no lo amaba ni lo extrañaba, y así sin promesas ni falsas palabras, si lo volviera a ver, volvería a llevarlo a la habitación más cercana, así como para arder juntos un rato, así como aman algunos hombres, sin mañana siguiente. 


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