El cuarto menguante en su sonrisa...

No voy a discutirlo caballero, usted tiene la luna allí clavada en la sonrisa, y no señor, no le estoy coqueteando de ninguna forma, es un ejercicio descriptivo de la línea dibujada entre sus labios, le propongo, que juguemos este juego, si bien sus labios son la luna, los míos pueden ser lluvia de noche para usted, y es que voy a confesar algo, tengo cierta debilidad por el canela de su piel, y ese tono en su voz cuando pronuncia casi cualquier cosa, podría apostar mi alcoba a que el sabor a chocolate habita en la puerta de esa boca, lo he visto beber café y cruzar la pierna con esa facha de suficiencia que por alguna razón, me vuelve loca, podría decirme por ejemplo ¿por qué siempre se sonrojan sus mejillas?...

Es usted ese aire de aventura y de calma, el estilo y la arrogancia en equilibrio perfecto, idealista, soñador, un poco artista, me gusta observarle, mientras lee, me gusta observarle mientras discretamente tras sus pestañas rizadas me observa, me gusta, es eso tal vez, que me gusta, el largo de sus dedos, y la habilidad que tiene para hacerme sonreír, me gusta escucharle hablar de sus locuras y de sus sueños, me encanta imaginarme allí, cerca, en un futuro no muy lejano, me gusta verle bailar, tiene tanto ritmo, hasta al caminar pareciera que lleva música en las venas y también pareciera que la lleva en la vida, me contagia su energía, sus ganas, su ligereza para llevar sus días, me gusta, tal vez es eso, que me gusta...

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